Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas

26/7/08

¿Siguen existiendo los matrimonios exitosos?

Hace poco escuche a una compañera de trabajo hablar del matrimonio y exponia que no creia en el, por su forma de decirlo percibi que era una niña frustrada, sin ilusiones y no saber en verdad lo que quiere… a lo que un servidor puede decir que; hoy en día muchas personas por igual suelen decir y pensar lo mismo y afirmar que ya no existen matrimonios exitosos, que todos fracasan; el impacto de sus palabras se ven reflejadas en las opiniones de sus hijos y las personas que están alrededor.
Pero ¿qué los hace pensar de esa manera?, ¿estarán pasando por una ruptura, o estarán viviendo la de un amigo, la de sus padres o bien, la de algún familiar? Y aunque alguno de estos ejemplos fuera el caso; no se puede ni se debe determinar tan severa afirmación, aunque actualmente sea cierto que muchos matrimonios fracasan, también es cierto que muchos triunfan y están en la lucha día con día.

Más que una aseveración como la mencionada anteriormente, se debería fomentar una concientización de lo que implica el matrimonio. Para que cuando se vaya a tomar la decisión de casarse, ésta, se convierta en un auténtico (Sí) basado en el amor y en la consciencia de lo que implica.

Los matrimonios forman la familia y la familia a su ves forma la sociedad; si queremos una sociedad sana, debemos de luchar por dar a conocer la verdad, sin atemorizar, sin crear miedo o repulsión hacia el matrimonio, por el contrario, debemos dar testimonio por aquellos matrimonios comprometidos, que con entrega total en cuerpo y alma son ejemplos de vida para todos nosotros. El ejemplo arrastra y ayuda a ver aquella realidad que a lo mejor no nos tocó vivir, que no creemos que pueda ser o nos han hecho creer que no puede existir.

La felicidad a la que aspiran los cónyuges adultos y maduros, consiste en la armonía de sus relaciones y no en una felicidad de cuento de hadas en donde no existen penas, crisis, dificultades o conflictos. El verdadero reto no es el no sufrir o no tener problemas sino el llegar a lograr una armonía donde exista una comunicación adecuada, intimidad y pasión basada en el respeto profundo, donde el otro sea acogido, comprendido como ser humano pero sobre todo aceptado con sus defectos y virtudes, logrando un conocimiento y entendimiento real entre la pareja. Es importante que la pareja logre acuerdos que les permita desarrollarse en todas las áreas tanto personales como de pareja.

Por ello no podemos seguir aceptando los rumores de que hoy en día todos los matrimonios fracasan, ciertamente es un problema grave que enfrentamos como sociedad pero tiene solución y dependerá de lo que cada matrimonio actual esté dispuesto a hacer en su matrimonio y a trasmitir a su entorno sobre el significado de el amor conyugal y de que hoy en día los matrimonios exitosos siguen existiendo.

Dedicado a un niña llamada Esther...

Bibliografía:

Ortiz Javier, “Dialogo Conyugal” Ed. Buena prensa
Maggiolini Sandro “El matrimonio, la virginidad” Ed. Rialp

El rompimiento amoroso por “falta de comunicación

Es muy frecuente en psicoterapia de pareja escuchar repetidamente que el distanciamiento o hasta la separación definitiva, sea el resultado de una “falta de comunicación”.

A continuación describo brevemente el “como sí” se puede lograr una comunicación mas efectiva.

Comunicarse parece fácil, y todos pensamos que somos unos expertos en ello. Al fin y al cabo, no ha dejado de hablar desde que era niño y habitualmente surge de forma natural y espontánea. Usted se limita a abrir la boca y las palabras fluyen solas. Cuando se siente feliz y efectivamente ligado a alguien, resulta fácil comunicarse bien. Usted está a gusto, la otra persona está a gusto y todo parece de color rosa. Es durante una disputa importante o durante un conflicto con otra persona cuando descubre si, realmente, se comunica bien. ¿Cómo reacciona ante las críticas? ¿Qué responde cuando la otra persona se muestra poco razonable y se resiste a escuchar su punto de vista? ¿Hasta que punto se comunica bien cuando se siente vulnerable o dolido?

Existen muy pocas personas que sepan comunicarse eficazmente en estas situaciones. Pero éstas son, justamente, las situaciones en las que una buena comunicación resulta de vital importancia. La llave que nos abre las puertas a una relación amorosa, a la amistad, al éxito en los negocios, es la capacidad de manejar exitosamente el conflicto. Las personas muestran muchas dificultades a este nivel. Los maridos no se comunican bien con sus esposas. Los amigos se comunican mal entre ellos. Los diversos miembros de la familia manejan muchas veces muy mal los conflictos y las desavenencias.

¿Desearía aprender a comunicarse mejor? En primer lugar, veamos si podemos definir lo que significa buena y mala comunicación. La buena comunicación tiene dos características: usted expresa sus sentimientos de forma abierta y directa y anima a la otra persona a hacer lo mismo. Usted explica cómo piensa y cómo se siente e intenta escuchar y comprender lo que la otra persona piensa y siente. De acuerdo con esta definición, las ideas y los sentimientos de ambas personas son importantes.

Al igual que la buena comunicación implica expresarse uno mismo y escuchar, la mala comunicación implica la negativa a compartir sus sentimientos abiertamente o a escuchar lo que la otra persona tiene que decirnos.

Adoptar una postura discutidora y defensiva es un signo de mala comunicación. Usted contradice a la otra persona sin intentar comprender sus sentimientos. Proyecta mensajes sutiles que dicen: “Sólo me interesa divulgar mis propios sentimientos e insistir en que estés de acuerdo conmigo”.

Otro signo de mala comunicación es negar sus propios sentimientos y mostrarlos de forma indirecta, comportándose de forma despectiva o adoptando un tono sarcástico. Esto se denomina “agresividad pasiva”. La agresividad activa es, igualmente, señal de mala comunicación, cuando reta a la otra persona, la amenaza o plantea un ultimátum. La lista de “características de mala comunicación” que se describen a continuación clarificará lo que no debe hacer cuando intenta un conflicto con alguien.

Es posible que reconozca diversos malos hábitos que le crean alguno que otro problema. El cambio de estas actitudes puede mejorar considerablemente el modo de relacionarse con las demás personas y privarle de considerables disgustos.

RAZÓN: usted insiste en que tiene razón y en que la otra persona está equivocada.

CULPA: usted afirma que la otra persona es la culpable de que haya surgido el problema. no admite haber hecho algo mal ni reconoce algún defecto.

CONTRAATAQUE: en lugar de reconocer cómo se siente la otra persona, usted responde a su crítica criticándola.

DESVIACIÓN: en lugar de ocuparse de cómo se sienten ambos en el momento presente, enumera toda una lista de motivos de queja sobre injusticias ocurridas en el pasado.

Afirmaciones del tipo “me siento”: usted expresa sus sentimientos con afirmaciones del tipo “me siento” (como por ejemplo, “me siento preocupado”), más que con afirmaciones tipo “tú” (como por ejemplo, “Tú estás equivocado!” o ¿Tú me estás poniendo furioso”).

Técnica del halago: usted encuentra algo realmente positivo que decir a la otra persona, incluso cuando la discusión está en su máximo apogeo. Esto indica que respeta a la otra persona por mucho que estén enfrentados el uno con el otro.

Como podrán darse cuenta, se pueden evitar muchos problemas de pareja eliminando viejos vicios al comunicarse. Recuerden expresarse siempre en primera persona, hablar de sus sentimientos y de no echar culpas.


Por: Esp. TREC América Rodríguez de Allende (psicóloga)
Centro de Psicoterapia Integral y Orientación Familiar A L L I A N C E

Aprendiendo a hablar

Algo importante es aprender a hablar, esto es aprender a transmitir lo que realmente estoy sintiendo.

Algunos de los problemas que enfrentamos cuando queremos transmitir nuestras ideas son:

a) Hacer responsable al otro de lo que yo estoy sintiendo.
b) Generalizar.
c) No darnos tiempo para comunicarnos.

Debemos aprender a compartir nuestros sentimientos porque esto es realmente compartirnos a nosotros mismos. Es necesario, cuando hablamos de nuestros sentimientos, poner el contexto de cómo se van dando las circunstancias, para que sea fácil entendernos. El contexto podría ser algo así: Le proporciono los datos de mis sentidos. Le doy mi interpretación tentativa de estos datos sensoriales. Le hablo de sentimientos que surgen en mí a causa de mi interpretación. Añado un contexto adicional a mi reacción.

Al compartir con otro nuestros sentimientos significativos, es importante que también compartamos nuestros sentimientos positivos o afirmativos, así como los negativos. La persona que nos escucha sobre todo necesita nuestras reacciones emocionales afirmativas, más cuando se trata de nuestro esposo o esposa.

Otra cosa que debemos analizar es la motivación que tenemos para hablar, muchas veces nuestra motivación es querernos, compartir por un sentimiento de ventilación o manipulación. Cuando comparto por manipulación, consciente o inconscientemente, lo que estoy tratando es que la otra persona se sienta responsable de mis sentimientos, emociones, de mí mismo.

El único y verdadero motivo por el cual uno debe compartir sus sentimientos y emociones es por comunicación. Y ésta es un regalo en donde no se espera nada, sólo se deja uno conocer.

La comunicación

La comunicación es el medio indispensable para lograr y mantener las buenas relaciones con los demás y de esta manera lograr una estabilidad en todos los ámbitos de nuestra vida, principalmente en la familia, el trabajo y con las personas más cercanas a nosotros. En este sentido el entender y hacerse entender facilita la convivencia y la armonía en todo lugar y circunstancia, dando lugar al enriquecimiento personal.

Es un hecho que al comunicarnos, compartimos algo de nosotros; mismos para con el otro. De este modo a través de la comunicación y de las relaciones interpersonales conocemos y somos conocidos, incluso por nosotros mismos.

Es por medio de la comunicación que se comparte el don recíproco de la propia persona. De tal manera que se da la autorrevelación, la cual es un verdadero acto de amor.

El principio para lograr una comunicación satisfactoria es el deseo interno de comunicarnos, siendo una postura de firme voluntad, ya que solo con entera disposición se logrará experimentar la satisfacción y plenitud que es consecuencia de una buena comunicación.

Todo ser humano tiene una necesidad interna de conocer y ser conocidos y la satisfacción de esta necesidad solo es proporcionada por la comunicación.

El compromiso en el amor.

“El hombre es un ser de encuentros, se constituye, desarrolla y perfecciona creando encuentros”.

La persona humana, es una unidad espíritu corpórea, cada acción que realiza o deja de hacer va dejando huellas en su vida y lo va moldeando conforme a su toma de decisiones. La nota característica de la apertura que cada uno de nosotros tenemos, nos permite ser capaces de superar nuestras limitaciones, sobreponernos y entregarnos a las exigencias del amor comprometido.

En el plano personal, tanto el varón como la mujer son igualmente personas dignas, las cuales poseen el don de la intimidad llamado amor. Este tiene manifestaciones infinitas que van desde miradas, pláticas, caricias hasta la formación de realidades que ayuden al hombre a ser feliz.

El ser humano está destinado a amar, y sólo a través del amor puede realizarse plenamente y transformar el mundo. Una clara acción de este sentimiento íntimo es el acto sexual, gracias al cual una persona se entrega dando todo su ser y es complementada por la otra quien se da de la misma forma. Se crea una apertura solidaria hacia el tú y a través de esa sociabilidad se realiza plenamente el yo.

Pero este acto no sería del todo pleno, si este no se diera como razón de ser del matrimonio, como un compromiso exclusivo, una entrega esencial, permanente y estable. Porque cuando el ser humano busca libremente compartir su proyecto de vida con otro ser, cuando logra salir de sí mismo, autodonarse y abrirse hacia lo que le rodea; por medio de un acto de su voluntad libre, entonces sí se puede decir que está listo para crear una alianza y complementarse con su pareja formando las bases de lo que será su vida futura.

Ya que el amor es un movimiento unitivo que surge de la intimidad misma del ser personal y pone en acción las potencias del hombre, es un acto de la voluntad y por lo tanto puede elevarse a un plano más alto, se vuelve un querer en donde los dos ganan.

Tristemente en la actualidad el concepto de matrimonio y de amor se ve totalmente desfasado de su significado real, la ideología posmodernista que nos envuelve día con día, ha manipulado estos términos y los ha relacionado con sucesos del hombre completamente banales y pasajeros, que tienen que ver más que con el perfeccionamiento de la persona, con los propios intereses de la sociedad.

Existe una pérdida total del sentido de la naturaleza personal, los objetivos o metas que movían a hombre y le permitían salir adelante se ven cada vez más como simples ilusiones. Estas son unas de las cuantas razones por las que nos enfrentamos a tantos divorcios o uniones de “amor libre.” Sin embargo: “liberarse no es romper los límites, sino no tener ningún límite y como el matrimonio implica fórmulas dogmáticas, entonces es visto como una cadena de la tradición infantil”.

Por otro lado, muchas parejas creen tener una esperanza, el problema es que no cuentan con los fundamentos para sustentarla y por lo tanto desde un principio ponen parámetros y límites de entrega. Se vuelven egoístas desde el momento de dar, solo buscan la satisfacción de sí mismos sin tomar en cuenta los intereses y necesidades del otro.

Son incapaces de comprometerse, la soledad los llena de miedos. Como seres humanos es común que busquemos garantías, que queramos asegurarnos de las cosas y por lo tanto todo lo nuevo y diferente nos produce temores. Sin embargo, es importante tomar en cuenta que: “Quien no se siente tan dueño de sí como para decidir darse por que le da la gana, en el fondo no es del todo libre, está encadenado a lo pasajero, trivial y presente.”

Tomando en cuenta la problemática que estamos viviendo actualmente y relacionándola con el contexto que nos envuelve, es necesario que si queremos alcanzar la verdad nos replanteemos el hecho de que el pacto y el matrimonio son realidades, no simples ceremonias, que constituyen respuestas a la vida del hombre.

En el matrimonio no bastan los buenos deseos, las promesas, no solo las palabras conquistan, sino que son necesarios los actos concretos, la donación día a día, la entrega de pequeños sacrificios que permitan a la pareja crecer, sobreponerse a los problemas (los cuales siempre van a existir en menor o mayor medida.)

El amor se podría representar por medio de una metáfora de una pareja de patinadores, se dice que son dos personas que a pesar de estar en una superficie resbalosa son capaces de sacar adelante la técnica con armonía, sincronía, precisión e inclusive esperanza y confianza en el otro. Ya que si no existe un entendimiento profundo o una de las partes no coopera; a la otra le es casi imposible salir adelante. Esto nos muestra con claridad como los matrimonios muchas veces se encuentran en una superficie resbalosa en donde los problemas que en un principio parecían ser pequeños detalles, con el tiempo si no se comunican y se logran solucionar, se convierten en distanciamientos totales entre la pareja.

El tomar conciencia de que lo que yo haga o deje de hacer por el otro nadie lo va a hacer por mí, es la base que nos sirve para comprometernos con nosotros mismos, ya que nadie da lo que no tiene. Somos los pintores de una de las obras de arte más importantes: nuestra propia vida.

Escrito por Ximena de Ovando Montaño

Bibliografía

López Quintas, Alfonso. La cultura y el sentido de la vida: el vacío existencial y el modo óptimo de superarlo, editorial RIALP Madrid 2003 p. 83-103.

Viladrich, Juan Pedro. El Compromiso en el Amor, editorial Loma, México 1990 p. 15-207.

Yepes, Ricardo. La persona y su intimidad editorial EUNSA Pamplona 1997 p.8-86.

El respeto conyugal

La primera condición que deben vivir los cónyuges es el mutuo respeto. Respetar significa aceptar al otro como esa persona es. Esta diferencia comienza por la distinción radical de dos sexos. Cuántos problemas matrimoniales se solucionarían si los esposos supiesen respetar esa diferencia elemental.

El ser humano es sexuado desde la última partícula de su ser hasta la primera. No existe una sola célula que no traiga la marca de masculino o femenino. Lo mismo se podría decir de las actitudes: no hay gesto, sentimiento o emoción que no esté impregnado de lo masculino o femenino.


Algunos varones creen que se casaron con un ser humano que tiene el aspecto físico de mujer –belleza y formas femeninas- y mente de varón. Algunas mujeres juzgan que se casaron con un mozo que tiene la fortaleza de un hombre y el alma de mujer, lo cual puede ser jocoso. Sería preciso conscientizarlos de las diferencias. Ni el se casó con un ejecutivo dotado de encantos femeninos ni él se casó con una “mademoiselle” con músculos de luchador. Esto que puede parecer gracioso es lo cotidiano.


Este contraste psicológico puede llevar al marido a decir que se casó con un ser complicado, y llevar a la mujer a pensar que se casó con un ser egoísta y grosera. Esas desavenencias íntimas terminan a veces en tristes decepciones.


Al hombre le gusta sentirse superior. La mujer experimenta orgullo de sentir esa fuerza a su servicio. Es bello experimentar que esa energía masculina trabaja para su felicidad. Más él querrá dominar. El triunfo de la mujer consiste en dar la impresión de que el marido es quien manda.


La mujer tiene la gran virtud de entregarse sin medida, y desearía que el hombre amara así: encima de cualquier mujer y de cualquier interés. La mujer está dotada para arrancar secretos del alma, como vemos en el caso de Sansón y Dalila; y sabe llevar al marido a terrenos de confidencias íntimas. Por eso cuando el marido llega a casa, generalmente ella desea establecer conversaciones. Éste, tal vez cansado o preocupado con sus problemas laborales, se encierra en su mundo o viendo la TV y, si llega un colega a consultarle algo, rápidamente se sale de su sillón para atenderlo, prepara un aperitivo y pasa horas interminables con él. La mujer, desolada, piensa que le tiene más confianza al amigo que a ella, que es feliz con otros, y se despiertan los celos. Y no es verdad. Ese marido aparentemente desatento, es capaz de dar la vida por ella.


Sucede que a él le parece que una conversación larga con su esposa de sus problemas profesionales no le traerá la solución porque ella no entiende de esos problemas. El esposo debe estar atento a esta faceta de la vida conyugal para evitar que su esposa se sienta desplazada.


Mas esas diferencias se tornan aún más profundas si se entra al terreno de la sexualidad. El hombre es más carnal; la mujer es más afectiva. El hombre es directo; la mujer busca la ternura. La mujer necesita preámbulos, ternura, cariño, y no tiende a ser directa en lo sexual, lo cual puede herir la virilidad masculina. Si a la mujer se le exige una relación sin caricias ni ternura, se siente “intrumentalizada”: se siente rebajada de su condición de madre y esposa a la de prostituta o amante. Y nace la rebelión.


A veces hay un sentimiento mutuo de incomprensión que va abriendo la brecha paulatinamente. Se hace una herida que sólo se curaría con una condescendencia mutua, pero también se puede hacer una llaga purulenta y un abismo de aversión. A veces esa brecha llevada con cierta discreción, termina en la ruptura y la infidelidad. Por eso es importante el respeto a las diferencias radicales marcadas por el sexo de cada uno. Esas diferencias, aunque puedan generar dificultades mutuas, pueden representar presupuestos de una complementariedad superior. En realidad, el hombre precisa de las cualidades netamente femeninas, y la mujer necesita de las cualidades masculinas.


La mayor felicidad a que una mujer puede aspirar dentro del matrimonio, dice Leclercq, es tener una marido que sea verdaderamente hombre, a pesar de sus rudezas y faltas de delicadeza; y aquello a que de más precioso puede aspirar un hombre es a su mujer sea una verdadera mujer, a pesar de los aborrecimientos que le pueda causar su afectividad. Uno y otro se apoyan mutuamente cuando se aceptan como son. Pues bien, en ese mutuo apoyo y en esa complementariedad superior, se configura una de las realidades más maravillosas del matrimonio y del amor humano.


Textos sacados de Rafael L. Cifuentes, Noivado e casamento, Ed Paulinas, Río de Janeiro 1992. Traducido por Rebeca Reynaud.

Consejos para los cónyuges

1. El amor conyugal no es una simple pasión, es una donación total, definitiva y excluyente, fruto de un acto de libertad, de una determinada y libérrima determinación de la voluntad, que se decide de manera irrevocable a querer al otro de por vida. Como consecuencia, ser fieles significa renovar el propio «sí»… también —¡y sobre todo!— cuando en ocasiones nos resultara costoso.

2. Al cónyuge hay que volverlo a enamorar cada jornada, sin olvidar que la boda no es sino el sillar de un grandioso edificio, que deben levantar y embellecer piedra a piedra, desvelo tras desvelo, alegría con alegría, entre los dos.


Si en el momento de la boda no se inaugurara una gran aventura, la mejor y mayor aventura de la vida humana, consistente en hacer crecer el amor y de este modo —¡amando yo más!— ser muy felices,… ¿tendría sentido casarse?

3. El amor se nutre de minúsculos gestos y atenciones. Evita, pues, las pequeñas menudencias que molestan al otro cónyuge y busca, por el contrario, cuanto le satisface.

Si te sientes incapaz de hacer grandes cosas por él o por ella, no te preocupes ni te empeñes en buscarlas. Como en el resto de la vida humana, la clave del éxito no se encuentra en esa magnas gestas a menudo solo imaginarias, sino en el diminuto pero constante detalle de cada instante.

4. Al casarte, has aceptado libremente a tu consorte tal como es, con sus límites y defectos; pero esto no significa renunciar a ayudarle con amabilidad, tino y un poco de picardía a que mejore… queriéndolo cada vez más: lo decisivo es «soportar», en el sentido de ofrecer un apoyo incondicional y seguro, y no «soportar», en la acepción de aguantar sufridamente los presuntos defectos y manías del otro.

5. No te dejes absorber de tal manera por el trabajo, las relaciones sociales, las aficiones… que acabes por no encontrar tiempo para estar a solas y en las mejores situaciones con tu cónyuge (y para dedicar también tu atención al hogar y al resto de la familia).

6. Toma las decisiones familiares de común acuerdo con el otro componente del matrimonio, esforzándote por escucharlo e intentar comprender sus razones (la clave de la comunicación no reside en ser un buen «charlatán», sino, si se me permite la expresión que empleaba un conocido mío, un excelente «escuchatán»: ¡qué gran amigo aquel que simplemente sabe oírnos con atención!).

Y, en el caso de que, al no llegar a un acuerdo, hayas seguido su criterio, no se lo eches en cara si, por casualidad, de ahí se derivara algún inconveniente. Una vez tomada la decisión, tras sopesarla convenientemente, es exactamente igual de aquel que tomó la iniciativa como del que demostró la suficiente confianza para seguirla.

7. Respeta la razonable autonomía y libertad de tu consorte, reconociendo, por ejemplo, su derecho a cultivar un interés personal, a atender y fomentar sus amistades, su vida de relación con Dios, sus sanas aficiones… sabiendo que, entonces, él o ella se esforzarán por no descuidar el cuidado y el mimo que tú mereces.

No te dejes arrastrar por los celos, que son ante todo una demostración de desconfianza hacia tu cónyuge… y que podrían dar origen a aquello mismo de lo que intentan defenderse o que pretenden evitar.

8. Con todo el cariño del mundo, mantén en su lugar a tus padres, sin permitirles que se entrometan imprudentemente en vuestros asuntos. En ocasiones —y sobre todo al principio— será oportuno pedir ayuda, pero recuerda que cuando las reglas de juego están claras resulta más fácil conservar la armonía.

9. No tengas demasiado miedo a discutir, pero aprende a reconciliarte enseguida siguiendo el «decálogo del buen discutidor», que tal vez exponga en otro artículo.

E incluso esfuérzate —sólo es difícil las primeras veces— en sacar provecho de esas trifulcas, reconciliándote lo más pronto posible con un acto de amor, manifestado por un jugoso abrazo, de mayor intensidad que los que existían antes del enfado.

Escrito por Tomás Melendo Granados

La cuenta bancaria más importante, "El matrimonio"

Conversando con mi esposa sobre la importancia de cuidar la relación de matrimonio día con día, de no dejarla llevar por la monotonía y poner los medios para no fracturarla con esos pequeñas piedritas, que aunque no rompen nada, estrellan todo lo que tocan, y deforman y lastiman cualquier objeto, por más fuerte y sólido que parezca; me hizo esta reflexión: El matrimonio es como una cuenta de ahorro en un banco, la cuenta más importante de tu vida.

Es una cuenta a la que se le invierte y se le deposita o se le retira y se endeuda con cada uno de los actos y actitudes que tienen los esposos con cada uno. Con cada sonrisa, mirada franca, agradecimiento, palabras de afecto, ayuda mutua, amor, alegría, elementos de piedad y vida interior se hace crecer, se invierte en él; pero también con cada grito, falta de respeto, indiferencia, falta de compromiso, desasón, tristeza, desinterés se retira de la cuenta aquello que se haya ahorrado.


Si en alguna etapa se experimenta una mala racha, si se ha hecho “un ahorro” sustancial de todo lo bueno que tiene la relación, de todo lo bueno que es el uno para el otro, pues será más fácil, al final del día, cuando se tengan que hacer cuentas, a pesar de que no se haya hecho ninguna inversión positiva en esos momentos difíciles, no quedar con números rojos, con sólo lo desagradable, pues tendrá un ahorro de todo lo bueno de la relación que se ha cuidado a lo largo de los años…que te ayudará a recordar, y dejar por encima de cualquier dificultad y cualquier saldo rojo o negativo, todo lo maravillosa que ha sido, es y será, en la medida que los dos así lo quieran y trabajen día a día por ello.

Esto no significa que los momentos difíciles, ajenos a cualquiera de los cónyuges, se presenten en la vida matrimonial a lo largo de los años, pues no existen casos de estos más que en cuentos de hadas…seguramente que habrá que enfrentar distintos problemas en las diferentes etapas de la relación. Sin embargo, la forma en la que se les puede hacer frente es muy distinta, cuando te has empeñado en invertir con actitudes positivas en tu relación, a simplemente “dejarte llevar por los buenos o malos momentos” de cada día, del feeling y cómo me siento; creo que estos últimos son los peores consejeros para cualquier relación interpersonal.

¡Esta es la cuenta más importante de tu vida, así es que cuídala, no te endeudes!

¿Necesito controlar los celos?

Cuando él mira a otra, ¡no puedo soportarlo!
Cuando ella mira a otro, ¡No lo soporto!

Reconócelo, por más que quieras, no puedes remediarlo, y fiscalizas todo lo que él o ella hace. Piensas que es normal, que es parte del amor.

¿Cuándo llegan a ser los celos un problema?

Los celos son una emoción complicada que provoca desconfianza acompañada de pensamientos de desamor hacia la persona amada. Es normal sentirlos, sí, pero no con intensidad. No es normal que sin tener motivo desconfíes de tu pareja, y la sometas a pruebas de afecto constantes.

El problema ante los celos tiene una raíz que tiene que ver con su autoestima y autoimagen, sentido de integridad, valores morales y culturales. Los celos hacen mella en personas con baja autoestima, que se vuelven desconfiados e inseguros.

La psicoterapeuta estadounidense, Tina M. Tessina, explica que los celos “surgen en personas que han desarrollado una pobre imagen de sí mismas o creen que ya no ofrecen expectativas interesantes a sus parejas”.

Si no hay un espacio propio para cada uno de los dos, se corre el riesgo de ser alguien incapaz de hacer nada a solas. Cuando uno busca un poco de independencia –unas zonas naturales de autonomía-, el otro se siente mal y surgen los celos.

Dice un refrán: “El león cree que los demás son de su condición”. Si tú eres infiel, es lógico que pienses que te van a hacer lo mismo.¿Quieres cambiar? ¿Cómo te gustaría ser, qué podrías hacer para lograr el cambio de actitud?

El amor es de suyo exclusivo; la amistad, no. Todos queremos amar y ser amados. Cuando los celos no enturbian la relación pueden tener efectos positivos. En la época en que vivimos se requiere una mínima presencia de celos. La persona que siente celos “sanos” no desarrolla conductas limitadoras de la libertad del otro. Sin embargo, los celos negativos –excesivos- desgasta la relación hasta el punto de acabar con ella; son destructivos.

No veas fantasmas

Los celosos dan muchas vueltas a la imaginación, y puede llegar a convencerse de que lo que pasa en su mente es verdad. Ven fantasmas: se enfurecen por un mínimo gesto sospechoso. Es frecuente que quien padece de celos no lo reconozca. Es vital que lo acepte y lo dialogue. La persona celosa cree saber más de ti que tú mismo/a (Bárbara Breva).

Benedicto XVI dice que el hombre sólo se conoce a sí mismo cuando aprende a conocerse a partir de Dios, y sólo conoce al otro cuando ve en él el misterio de Dios (cfr. Jesús de Nazaret, 331).

¿Sabes cómo superarlos?

Los celos patológicos son una enfermedad y pueden provocar trastornos en la personalidad: alteraciones del sueño, de la alimentación, pensamientos obsesivos y emociones de rabia, tristeza y ansiedad muy intensa.

Para superarlos hay que reconocerse celoso, desear liberarse de ellos e intentar sufrir menos. Muchas veces se requiere de la ayuda de un especialista. La persona celosa difícilmente podrá llegar a ser feliz por su continua necesidad de controlar al otro.

Ninguna persona “pertenece” como si fuera un objeto. Los hijos no son “propiedad” de los padres; los esposos no son propiedad uno del otro, pero se pertenecen de un modo mucho más profundo. Los seres humanos no se pertenecen como una posesión, como una cosa, sino en la responsabilidad. Se pertenecen porque aceptan la libertad del otro y se sostienen el uno al otro en el conocerse y amarse.

Remedios

a) Lo primero es intentar de apartar los pensamientos obsesivos. Piensa: “me voy a enfermar si no supero las obsesiones”.
b) Acepta que lo eres y pide ayuda.
c) Refuerza tu autoestima.
d) No pienses que el otro te pertenece.

25/7/08

¿Qué es el Matrimonio?

Cuando alguien se inicia en ese acuerdo que llamamos matrimonio, está entrando en algo que es, cuando menos, aventurado. Cuando una pareja se casa, hace algo sobre lo que no sabe nada. Y de acuerdo con todos los indicios, cuando alguien lo hace más de una vez, no sabe más la segunda vez que la primera.

El matrimonio es la base de la unidad familiar. En esta sociedad y en esta época, la familia es la unidad más integrada, la que mejor logra perpetuarse y la que se autoprotege mejor. Tal y como está establecida en la actualidad, es necesaria para la sociedad; tanto desde el punto de vista económico como el de cualuier otro. La cultura se desintegraría si su piedra angular, la familia, dejara de tener validez como tal. Podríamos decir con bastante seguridad que aquel que destruye el matrimonio destruye la civilización.

Básicamente, la relación matrimonial, es una relación postulada; un postulado es una conclusión, decisión o resolución sobre algo. Cuando las personas dejan de postular un matrimonio, este deja de existir. Es lo que sucede a la mayoría de los matrimonios; y no todo lo contrario. No es que todos los hombres sean malos, y por esa razón los contratos como el matrimonio acaben generalmente en infidelidad y se desintegren. Eso no es verdad; lo que es verdad es lo contrario. Cuando usted tiene una relación puramente postulada,debe continuar creándola; y una familia que no continúa creándose como tal dejará de existir como familia. Prácticamente eso es todo lo que debe saber al respecto.

Cuando las personas tienen problemas con el matrimonio, es que esperan que funcione automáticamente. Creen que seguirá existiendo sin ningún esfuerzo de su parte; por desgracia, no es así. Se tiene que crear.

"Un matrimonio es algo que existe en primer lugar por que cada cónyuge ha postulado su existencia y la continuación de esa existencia. Los matrimonios tienen éxito sólo cuando estos fundamentos están donde deben de estar."

Tal vez una persona cuyos padres no tuvieron mucho éxito con el matrimonio, lo observó y decidió: "¡Mira eso! esta institución que es inherente por naturaleza, que nada podrá cambiar, no se perpetúa y no es muy buena ya que no conserva su unidad".

Tuvo un fracaso; tal vez trató de postular la familia como unidad cuando era muy joven. Esta intentando hacerlo, tratando de que de alguna manera "Papá quisiera a Mamá", tratando de demsotrarles que tenía algo por que vivir, y además.

De hecho, una de las razones por las que un niño se lastima es que trata de que sus padres se den cuenta de que tienen responsabilidades para con la familia. Las enfermedades de la infancia y todo ese tipo de cosas suceden inmediatamente despúes de problemas familiares.

Sin embargo, el que un individuo haya visto en sus padres el buen ejemplo de un matrimonio estable o no, tiene nada que ver con él tenga éxito en su matrimonio.

Si usted cree que todo ha sido diseñado para perpetuar el matrimonio aunque no se esfuerce por mantenerlo vivo, es obvio que terminará destruyendose. Pero si enfoca esto dándose cuenta de que el matrimonio es algo que se debe postular para que exista y para mantenerlo en existencia, y que cuando deja de trabajar en él, dejará de eistir; y si conoce la tecnología que se presenta en lo que resta de esta capítulo, podrá lograr que cualquier matrimonio se conserve, podrá recuperar cualquier aspecto de un matrimonio o volverlo a recuperar como desee. Pero se requiere algo de trabajo y valentía y esta es una declaración excesivamente modesta.